La caja

La caja

Cada vez que cierra el arcón le invade una catarata de recuerdos. Y aunque han pasado veinte años vuelve a revivir aquella época de una infancia torturada en la que en casa solo había hambre, y su existencia se reducía a malcomer, dormir en posición fetal y hacer sus necesidades encerrado allí adentro.

Jamás olvidará aquellas cuatro paredes y su olor a madera vieja, la oscuridad y el sonido amortiguado de la vida allá afuera, donde esperaban los monstruos. Las pocas veces que salía, entumecido y con los ojos cegados, le retumbaban los gritos roncos de la mujer que decía ser su madre, solo por haberse casado con su padre, acompañados por las risas de aquellos bastardos, que al menos nunca le llamaron hermano.

Esa agonía, a esas edades, deja marcas eternas, pero ha aprendido a ser fuerte. Por eso no grita, ni habla, y casi ni escucha las súplicas de los niños del barrio cuando echa el cerrojo.

(159 palabras)

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