La caja

La caja

Cada vez que cierra el arcón le invade una catarata de recuerdos. Y aunque han pasado veinte años vuelve a revivir aquella época de una infancia torturada en la que en casa solo había hambre, y su existencia se reducía a malcomer, dormir en posición fetal y hacer sus necesidades encerrado allí adentro.

Jamás olvidará aquellas cuatro paredes y su olor a madera vieja, la oscuridad y el sonido amortiguado de la vida allá afuera, donde esperaban los monstruos. Las pocas veces que salía, entumecido y con los ojos cegados, le retumbaban los gritos roncos de la mujer que decía ser su madre, solo por haberse casado con su padre, acompañados por las risas de aquellos bastardos, que al menos nunca le llamaron hermano.

Esa agonía, a esas edades, deja marcas eternas, pero ha aprendido a ser fuerte. Por eso no grita, ni habla, y casi ni escucha las súplicas de los niños del barrio cuando echa el cerrojo.

(159 palabras)

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En soledad

13D

Entró en mi oficina y, casi antes de sentarse, empezó a hablar. Soy muy desgraciada, me soltó a modo de titular. Me contó que hacía tres meses la habían despedido del trabajo; que llevaba cinco años separada pero su marido seguía abonándole la pensión; que acababan de exigirle el pago, con intereses, de un recibo por haberse retrasado dos días en hacerlo efectivo; que yo le parecía una persona honrada… Supuse que se había equivocado de despacho, pero la escuché, sin interrumpirla, esperando a que acabara su charla para retomar mis asuntos. Varios minutos después soltó un suspiro y se levantó. Me dio dos besos, un apretón de manos y emocionada me agradeció el haberla escuchado. Cuando la puerta se cerró a sus espaldas, decidí acabar el autodefinido.

(128 palabras)

Me gustaba

11
Me gustaba el número 11.
Me gustaba el riesgo.
Me gustaban los rascacielos.

Me gustaba ser el protagonista allí donde iba.
Me gustaba chillar.
Me gustaban los martes.

Me gustaba viajar.
Me gustaba septiembre
Me gustaban los aviones.

Me gustaba sentir la adrenalina en mi cuerpo.
Me gustaba Nueva York.
Me gustaban las casualidades de la vida.

Hasta aquella mañana de 2001 cuando a las 8:46, hora estadounidense, todas mis aficiones se dieron cita en una torre.

(77 palabras)

En el vagón de enfrente

Escribe fino

(El siguiente microrrelato está inspirado en la fotografía que acompaña a esta entrada. Se trata del reto “Viernes creativo” del blog “Escribe fino”)

El miércoles pasado la vi por primera vez. El tren paró en Orcasitas, y al levantar la mirada del periódico noté que en el vagón de enfrente una muchacha rubia me observaba fijamente. La casualidad hizo que los dos días siguientes volviera a verla, de idéntica forma, y así se fue creando entre nosotros un vínculo, alimentado por miradas y sonrisas furtivas. El viernes me cambiaron de turno en la empresa y apenado creí que ahí acababa todo. Sin embargo el lunes, otra vez en Orcasitas, los trenes se cruzaron y allí estaba ella. Ayer acudí al médico y entré a trabajar más tarde. Y me la crucé de nuevo. Intrigado, hoy he decidido tomar el tren dos horas antes y he vuelto a encontrármela. Por primera vez me he levantado del asiento, he ido hasta la ventana y me he fijado más en ella. Al ver el título del libro que estaba leyendo, y su sonrisa fofa, la atracción ha dado paso a un sudor frío y un dolor punzante en el pecho.

(174 palabras)

 

Talión

Amantes

Para Clara, mi profesora de Derecho Penal, la justicia retributiva se limitaba a boca por boca, lengua por lengua, sexo por sexo,… El castigo por perderme sus clases lo disfrutaba cada noche en su cama.

(35 palabras)