Final inesperado

Final inesperado 2

Tras muchas horas de insomnio, tabaco negro, café, borrones y hojas arrugadas, llegó el momento de que Dolores escribiera el epílogo de su primera novela; una historia dura en la que al final había decidido matar al protagonista. Sabía que eso podía disgustar a algunos lectores, pero estaba convencida de su decisión.

Mojó la pluma y al acercarla al papel, para poner el punto final, notó un temblor extraño. A continuación las hojas que había escrito comenzaron a tomar vida. Asustada, se levantó de la silla y sintió que su cuerpo se paralizaba cuando primero una mano, y después otra, empezaron a sobresalir del papel. Entonces se echó a un lado, se acurrrucó en un rincón de la habitación y comenzó a chillar.

Jamás podrá contarle a nadie cómo esos dedos, que hasta hacía un momento acariciaban con mimo a cada mujer con la que se cruzaba en el libro, primero destruyeron en segundos el trabajo de dos años y después se abalanzaron a por su cuello.

(167 palabras)

(La foto que acompaña a esta entrada está tomada de aquí)

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Clases de química

Clases de Química

Carmen no soportaba todo eso de la formulación, los electrones, neutrones, moles,… Con la llegada de un profesor suplente: soso, desaliñado, con un bigote horrible, y gafas que le tapaban media cara, los bostezos se multiplicaron entre disoluciones, átomos y números cuánticos.

Algo cambió con la parte de enlace químico porque, gracias a algunos ejemplos picantes, Carmen comenzó a sonreír. Además el bigote desapareció y ella descubrió unos labios carnosos que incitaban a ser mordidos.

Cuando llegó la termoquímica, con las entropías y las energías intercambiadas, empezó a pintarse. Él abandonó las gafas y ella, que ya sentía que algo se desordenaba en su interior, vio el deseo en sus ojos. Aquella voz melodiosa acariciaba sus oídos y conseguía que un cosquilleo delicioso le bajara desde el ombligo para hacerla estremecer.

Con el tema de cinética, y las explicaciones sobre las orientaciones adecuadas para que dos moléculas colisionaran, se sentó en primera fila con la falda más corta de su armario. Él terminaba la clase, sudoroso, refugiado tras la mesa para ocultar que el pantalón le iba a explotar; y ella, cada día, dejaba mojada su silla.

Poco después, él terminó la suplencia y Carmen desapareció de la Facultad. Suspendió la asignatura, pero aprendió todo sobre la química.

(208 palabras)